Editorial 2010-11-19 09:05:27

Hay que poner la otra mejilla


Por Fabián Grande.

La caída de la sesión este miércoles en diputados para tratar el proyecto del Poder Ejecutivo sobre el presupuesto 2011, que ya había empezado a discutirse en la sesión anterior, no solo fracasó, sino que abrió la posibilidad de que el gobierno de Cristina F. de Kirchner no cuente con un presupuesto aprobado para el año entrante.

El oficialismo consiguió solo 117 diputados, pero no llegó a los 129 necesarios para habilitar el debate, fue entonces cuando se escucharon por parte de diputados oficialistas y opositores discursos pobres de contenido y acusaciones infundadas en una jornada para el olvido.

Al mismo tiempo, en la comisión de Asuntos Constitucionales se analizaban las denuncias de la diputada Elisa Carrió, sobre los supuestos aprietes que recibieron por parte del oficialismo las diputadas Cynthia Hotton y Elsa Álvarez para aprobar la ley presupuesto 2011.

En medio de una sesión tensa y con acusaciones cruzadas, Graciela Camaño propició una cachetada a Carlos Kunkel por los dichos vertidos sobre el esposo de la diputada.

El espectáculo había comenzado, en un escenario de desconcierto y aturdidos por el hecho, comenzaron las declaraciones de los distintos diputados en los medios de prensa y la imagen del golpe fue reproducida cientos de veces por los cables de los noticieros reflejando así una lógica de confrontación que debe terminar.

Hay que poner la otra mejilla, el falso y recurrente discurso del oficialismo que aparenta estar dispuesto a un dialogo abierto y consensuado con la oposición para cerrar el año legislativo y aprobar una serie de proyectos importantes para el país, es solo una pantomima detrás de la que se escuda un gobierno con una marcada intolerancia a un debate serio y sin presiones.

Por otro lado, a la oposición los une solo el espanto de tener que sufrir un tercer mandato kirchnerista con Cristina Fernández a la cabeza, es por tal motivo que el escenario legislativo es el lugar elegido para armar operaciones políticas tendientes a desprestigiar o debilitar la gestión de gobierno.

Realmente considero que adjudicarle a la oposición un plan desestabilizador y un recurrente intento por impedir la finalización del gobierno de Cristina Kirchner y asegurarse así una salida temprana del gobierno es algo impensable. A esta oposición le falta seriedad, le falta referentes serios y un programa de gobierno que sea la carta de presentación para las próximas elecciones presidenciales.

Creo que el gobierno de Cristina tiene que replantearse seriamente abrir el juego y buscar consensos más estables y duraderos como había hecho en un comienzo el ex presidente Néstor Kirchner, y la oposición debería buscar formar una coalición que tenga como fin último no solo oponerse al gobierno y a sus proyectos, sino plantear una alternativa de país diferente.
  





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