Editorial 2010-08-14 17:04:08

Un acuerdo con mucho desacuerdo


*Por Fabián Grande.

La salida de Elisa Carrió del Acuerdo Cívico y Social fragmento aún más a la oposición y despertó el fantasma de acuerdos internos entre diferentes dirigentes opositores para derrotar al Kirchnerismo en la próximas elecciones y marcar la agenda política que llevará adelante la oposición en el Congreso Nacional.

La salida de la Coalición Cívica, con su principal referente y dirigente, Elisa Carrió está impregnada de una práctica que se ha profundizado en la Argentina desde el retorno de la democracia. Lejos quedó ya el Pacto de Olivos durante el Menemismo, hoy la oposición ha comenzado un proceso de rearmado y acople con otras fuerza políticas, que incluso, hasta discrepan con su ideología o programas de gobierno.

Estamos asistiendo a un proceso preocupante de “rejunte” de votos y dirigentes para frenar a un “animal político”, como es Néstor Kirchner. Hay que reconocer que el gobierno, no debe hacer mayores esfuerzos para tratar de romper las alianzas y los acuerdos de la oposición, éstos por su propia esencia, de inmediatez e intereses mezquinos, caen por si solos.

El Acuerdo Cívico y Social era un espacio de convergencia de diferentes fuerzas o partidos, que bajo consignas precisas y compartidas ofrecían una alternativa de gobierno y de dirección de los asuntos público que buscaba reordenar y refundar las instituciones centrales del país.

El fuerte personalismo de algunos dirigentes de este espacio y el modelo de la vieja política que privilegiaba el fin a los medios para conseguirlo, han demostrado que la Argentina todavía no ha encarado un proceso de replanteo de la función y la importancia de los partidos políticos.

La reforma política y el llamado a elecciones de internas, simultaneas y obligatorias, tiene la difícil y necesaria tarea de lograr espacios políticos bien delimitados, con elección de los principales candidatos que esas fuerzas llevaran a la elecciones generales y terminar así con la grotesca y vulgar práctica de cambiar de partido o bloque, tan rápido se terminan las elecciones o el escenario político lo requiera.

Pero no solo el ACyS atraviesa este problema, la alianza del Peronismo disidente y el PRO es sin dudas, la más clara imagen de un acuerdo político que se asemeja más a una pelea propia del certamen de Show Mach: Bailando por un sueño, que una demostración de madurez política y compromiso social.

La formula Macri, De Narváez y Solá, fue sin dudas una gran campaña de marketing que ofrecía transformar la sociedad argentina. VA A ESTAR BUENO BUENOS AIRES, decía la campaña electoral que llevo a Macri a la jefatura de gobierno, la verdad que ni Buenos Aires, ni el país parecen haber cambiado mucho gracias a éstos dirigentes. TENGON UN PLAN, se le oía decir a Francisco De Narváez, avísenle que ya llego al Congreso y ese es el espacio donde debe desarrollar los faraónicos y futuristas planes.

Lo que más me duele de éste escenario, es que lo que pasa en las altas esferas de la política nacional, no es nada más, ni nada menos que el reflejo de lo que nos pasa como sociedad, como ciudadanos individuales y plenamente responsables de nuestros actos.

Quizás no tengamos que esperar que las cosas cambien en la cúspide de la pirámide, quizás cada uno de nosotros tendríamos que cambiar, cambiar primero en nuestra propia vida, predicando con el ejemplo, no ya con la palabra, mostrándole a nuestros hijos, amigos o familiares que nosotros hacemos la diferencia, que cambiamos nuestra realidad, la realidad que nos rodea, por acotada y efímera que sea, decimos no a ese inconsciente colectivo que nos lleva por caminos cuestionables y éticamente reprochables.

Fabián Grande (estudiante de Ciencias Políticas UNR)
  





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